En los peores momentos, como en el que estamos viviendo ahora, hay una minoría de personas que se dedica a quejarse, pero afortunadamente una gran mayoría que sólo se preocupa por ayudar con lo que puede a los demás y contribuir sin esperar nada a cambio de la mejor manera que le permiten sus capacidades, o que sabe.

Recuerdo que cuando era pequeña me encantaba que me contaran historias de aventuras donde los protagonistas eran héroes que, casi siempre, llevaban capa y se bajaban de un caballo o aparecían volando por no sé qué misteriosos poderes que les habían sido otorgados en no sé qué planeta… No descansaban nunca y no les importaba morir por una causa justa, o por los demás.

Según fui creciendo me di cuenta de que esos eran los cuentos que nos contaban para hacernos dormir tranquilos y que pudiéramos crecer sin demasiados miedos. Finalmente, cuando me hice mayor y tuve a mi hija, también se los contaba y le leía esas historias por la noche, pero dejé de creer en esos seres increíbles.

Hace un par de semanas el mundo tal y cómo lo conocemos cambió. De la noche a la mañana un enemigo diminuto, el “corona virus” o “covid 19”, al que no podemos ver, nos ha hecho cambiar nuestros hábitos, la forma de relacionarnos e incluso nuestra forma de sentir… De pronto las cosas rutinarias a las que no solíamos dar importancia porque las dábamos por seguras, han vuelto a ocupar un lugar prioritario en nuestras vidas: Nuestros mayores, la familia, los amigos…

Y de la noche a la mañana han empezado a aparecer por todas partes un montón de héroes sin capa, que están dispuestos a dar todo a cambio de nada, sólo que no tienen ni un disfraz especial ni unos superpoderes que les hagan inmunes a la enfermedad.

  • Unos médicos y enfermeras que a pesar de que no les han dado armas con las que defenderse y poder luchar, siguen inquebrantables en primera línea de combate, sin importarles qué les pueda suceder a ellos.
  • Unos policías que tampoco tienen mascarillas con las que defenderse, pero hacen todo lo posible por cuidarnos y asegurarse de que estamos protegidos. Algunos hasta han aprendido el lenguaje de “Pikachu” para poder traducir a los más pequeños las cartas que les escriben.
  • Un ejército que limpia todas esas zonas donde hay más peligro de contagio, y además ha sido capaz de montar hospitales de campaña con una profesionalidad y eficacia increíbles.
  • Autónomos de diversos oficios que han arrimado el hombro de forma desinteresada para construir esos hospitales y, que sin su ayuda hubiera sido imposible hacerlos en ese tiempo récord.
  • Propietarios de hoteles que han ofrecido sus instalaciones y sus empleados para convertirlos en hospitales.
  • Empresas del IBEX 35 como Inditex, Santander, Telefónica, BBVA … que se han coordinado para compartir recursos y logística para comprar y fabricar material sanitario, y todo tipo de iniciativas solidarias.
  • Empresas como Ikea o El Corte Inglés, que han donado sábanas y equipamiento para las camas del hospital de Ifema y, este último además ha reducido a la mitad el número de empleados que han incluido en el ERTE por la caída de su actividad.
  • Viena Capellanes que reparte comida en el hospital de Ifema y está llevando los menús escolares a casas de muchos niños que viven muy lejos. Delaviuda que ha donado 140.000 gorros con mascarilla, batas y calzas, o el Grupo Antolín, que está produciendo en sus impresoras 3D máscaras protectoras y batas para los hospitales de Burgos y Valladolid.
  • Pequeñas empresas que viendo su actividad interrumpida y sin saber todavía cómo van a salir de esta, donan lo que tienen y ponen todo lo que pueden de su capacidad de producción, para hacer mascarillas, respiradores, etc…
  • Ingenieros que están ideando y construyendo respiradores con los medios que pueden y las impresoras 3D que tienen a mano.
  • Agricultores que han dejado las calles en las que estaban protestando hace unos días, para seguir produciendo y garantizando que no falten en nuestra mesa alimentos imprescindibles. Algunos también se han puesto a desinfectar sus pueblos y ciudades con sus tractores.
  • Los transportistas, los reponedores, los cajeros de los supermercados que siguen ahí, venciendo ese miedo que nos hace mirar con recelo a cualquiera que pase cerca de nosotros por si no mantiene ese mínimo de 1 metro de distancia de seguridad…
  • Personas que por su cuenta se han unido a movimientos solidarios para coser mascarillas desde sus casas o para hacer la compra a la gente que no puede, o pequeños negocios que lavan la ropa de los cuerpos policiales y del personal de los supermercados gratis…
  • O el dueño de un restaurante “El Hacho” que a pesar de tener sus puertas cerradas al público ofrece gratis a los transportistas café y comida, especialmente ahora que no encuentran ningún sitio abierto en sus largas jornadas de carretera.
  • Y todos los que utilizan las redes sociales para entretenernos, cantar, hacernos reír, entretener a nuestros hijos…

Ha sido una gran sorpresa para mí, descubrir que estaba equivocada, que hay un ejército de héroes sin capa que vive pegado a nosotros, dispuesto a hacer lo que sea y de forma desinteresada por ayudar a los demás.

Vivimos en un país de gente grande y generosa, y por si todavía lo dudas, ¿No crees que hay mucha, pero que mucha más gente buena que mala? Yo lo tengo claroPor supuesto que SÍ.

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